Bienvenidos al mundo de las mentiras.
¿Quién soy?
Pues soy esa chica del fondo, sí esa, la que se tapa la mitad del rostro con su corto cabello, lo justo para que no se vea bien, la que es invisible para algunos y en la que nunca te has fijado, la que está fingiendo mirar el móvil para evitar encuentros incómodos.
Exacto, la chica de la barra que está apoyada suspirando, esperando a que las ilusiones que crea se vuelvan realidad, esa que sostiene entre sus manos su chaqueta porque tiene miedo, miedo a no encajar, a no ser lo que los demás esperan. Soy esa chica que al sonreir tapa su sonrisa porque le da pánico que descubran la verdad, que su sonrisa está vacía, carece de verdad y sentido.
Soy esa chica que jamás creerías que llora cada vez que un sentimiento se rompe, que cuando el alma se cala, se destroza.
Soy la que está en el metro reflejándose en el cristal y que pretende estar atenta para no saltarse su estación, pero que mira su reflejo y se arrepiente de todo cuanto piensa.
Sí, esa chica de la que te has reido por como camina, porque su nariz es demasiado exagerada.
Esa que a veces confunde el "sonreir" con "bostezar".
Soy ese gesto inesperado del que nadie se percata porque tan solo es un espectáculo para los soñadores.
Una sombra que huye de la bohemia para convertirse en luz.
Soy esas últimas notas de una voz rasgada que luchan por afinar.
¿Te has fijado alguna vez en como te miro?
Sí a tí, te hablo a tí, seguro que te miro con timidez, casi con miedo. Si me haces sonreir, negaré con la cabeza para no hacerlo, esconderé cualquier prueba que me delate.
Soy ese gato abandonado que te persigue por las noches de soledad, buscando esa caricia que me haga ronronear.
¿Tanto te cuesta verlo?
No soy luz, no soy nada, más que esa ráfaga de aire que te acarica la cara, un sutil y suave abrazo que te estremece.
Soy imperfección, rareza.
Ese chupito a medio acabar. Esos labios que nunca han sido besados y que palpitan por un sentimiento al que aferrarse sonriendo.
Un cuerpo inexplorado, cerrado por derribo, con un cartel en el ombligo que dice "vuelva por favor".
Soy el "sí, está bien" a una cerveza más.
Soy la que cuenta los segundos que sonríes para ver si lo haces de verdad, la que se emociona con esos hoyuelos, la que comparte una sofisticada mueca cómplice.
Soy esa tristeza que unos ojos castaños asoman, unos versos sin empezar.
Soy la mentira más grande creada, esa, que nunca conocerás.