Plegarias.
Sin saber que existías
te deseaba,
sin conocerte
te adiviné.
Llegaste en el último tequila,
y no fue el final.
Al escribirte,
las palabras se asemejan
a una herida sangrienta,
entregando sus fuerzas
creyéndose la memoria del mundo,
sin tu rosario rotundo
el dolor de mi cuerpo.
Plegarias nocturnas
a la virgen de la amargura,
¡que acabe esta tortura!
No quiero noches de bodas,
no quiero tormentas
sin relámpagos,
no quiero cerveza
sin verte al final en la esquina.
No sabía de tu existencia
y te soñaba,
entre girasoles y pinceladas.
No sabía de tu signo
y tu constelación
en mi pecho se quedó fijo.
No adiviné tu futuro
al leerte la mano,
pero creí ver
entre tus líneas
mi nombre como conjuro.
La herida no se cierra
si nunca se abrió,
pero en mis sueños queda
que aquella mirada
que aquella certeza
fuiste tú.
Cuentan las estrellas que bajó la luna a susurrarle a una niña lo que soñaba. La niña intrigada fue escribiendo su historia, haciendo malabares con sus sentimientos y descubriendo que no todos los caminos llevan a Roma.
viernes, 17 de julio de 2020
martes, 30 de junio de 2020
Eres cine,
eres cultura,
cada una de las letras que vives,
se convierten en influencia pura.
Será el aroma que desprendes
o mi miedo a las grandes alturas.
No tenemos guión
y sin embargo,
en sueños
te sé de memoria.
Has ido creando
imágenes
en el margen
de la película.
Has ido dibujando
en mi mente
miniaturas
que mi mente ondula.
Con mi mirada te sigo,
en cada plano,
en cada gesto
y con mi objetivo
constantemente grabando.
No se ha bajado el telón,
y ya estoy cerrando yo
las salas de mi imaginación.
No vaya a ser que
salgas a bailar
y acabes flotando.
No quiero que
me atravieses
ni destrones mi razón,
no quiero seguir baldosas amarillas
si descubro que Oz
no eres tú.
Prefiero esperarte
en Giancaldo,
tirada en la calle
y que cuando abras tu ventana
los platos vuelen
por encima de mi cabeza.
Prefiero cualquier escena contigo,
a vacaciones en Roma sin tí.
No sé qué película eres
pero quiero aprenderme
de memoria
los diálogos
que te di.
lunes, 15 de junio de 2020
Jaya.
Hace más tiempo del que se pueda creer,
en tierras más lejanas que el ayer,
se escribía leyendas arcanas
de una bruja y su maldición.
Todo comenzó con un semidiós,
Kinari, quién dominó
todas las orillas del mar,
sus peces y sabor marinado,
de los lagos,
dónde elegantes elefantes
descansaban su llanto.
Por encima de los montes
cabalgaban los espíritus errantes,
Preta,
los llamaron,
con sus sárdulas
bravas como las tormentas.
Se oían sus voces entre las nubes,
mientras el cielo se abría en colores
cómo un pavo real.
Era naranja el día
que Kinari fue secuestrado por Ravana.
Las charcas y los ríos
se destiñeron de su azul,
miles de animales murieron
desde su tierra hasta Estambul.
Sagara
aliada con Kalinda
viajó por encima del Sol,
para encontrar al semidiós.
Enterrado en miles de flechas,
yacía muerto sobre el suelo.
Su piel celeste
se transformó como el mar,
en un apagado gris.
La bruja Sagara,
dueña de sus poderes,
escuchó desde las nubes:
"Haz lo que debieres".
Así pues,
transformó un beso en mariposa.
que viajó por el aire
hasta posarse
en sus labios inertes.
Kinari despertó
y de un brinco su espada empuñó.
Juntos,
bruja y semidiós
lucharon contra Ravana
hasta que su cabeza por el suelo rodó.
La maldición se rompió
y como viejas leyendas
un beso le salvó.
Fue la bruja, no el dios,
la que el mundo salvó.
Pero el amor brotó
como la primavera con hileras
de plantas y color.
El semidiós agradecido,
la vida eterna le ofreció,
"No le entiendes"
la bruja le dijo,
"No quiero más tiempo,
si no es contigo.
Mi magia, siempre fuiste tú".
Hace más tiempo del que se pueda creer,
en tierras más lejanas que el ayer,
se escribía leyendas arcanas
de una bruja y su maldición.
Todo comenzó con un semidiós,
Kinari, quién dominó
todas las orillas del mar,
sus peces y sabor marinado,
de los lagos,
dónde elegantes elefantes
descansaban su llanto.
Por encima de los montes
cabalgaban los espíritus errantes,
Preta,
los llamaron,
con sus sárdulas
bravas como las tormentas.
Se oían sus voces entre las nubes,
mientras el cielo se abría en colores
cómo un pavo real.
Era naranja el día
que Kinari fue secuestrado por Ravana.
Las charcas y los ríos
se destiñeron de su azul,
miles de animales murieron
desde su tierra hasta Estambul.
Sagara
aliada con Kalinda
viajó por encima del Sol,
para encontrar al semidiós.
Enterrado en miles de flechas,
yacía muerto sobre el suelo.
Su piel celeste
se transformó como el mar,
en un apagado gris.
La bruja Sagara,
dueña de sus poderes,
escuchó desde las nubes:
"Haz lo que debieres".
Así pues,
transformó un beso en mariposa.
que viajó por el aire
hasta posarse
en sus labios inertes.
Kinari despertó
y de un brinco su espada empuñó.
Juntos,
bruja y semidiós
lucharon contra Ravana
hasta que su cabeza por el suelo rodó.
La maldición se rompió
y como viejas leyendas
un beso le salvó.
Fue la bruja, no el dios,
la que el mundo salvó.
Pero el amor brotó
como la primavera con hileras
de plantas y color.
El semidiós agradecido,
la vida eterna le ofreció,
"No le entiendes"
la bruja le dijo,
"No quiero más tiempo,
si no es contigo.
Mi magia, siempre fuiste tú".
domingo, 26 de enero de 2020
Porque amores que aman, no mueren.
Piel transparente,
pensamientos oscuros,
gata de lengua ardiente
que sube por los tejados.
Arde que arde
mi boca solitaria,
duele que duele
mi corazón apagado.
Prende que prende
la llama precaria
de mi alma inconsciente,
que sueña que sueña
que un día no se vende
a llantos y ganas desesperadas.
Mi cama huele a jazmines
de patios y dentelladas,
las sábanas son de oro
siempre que tu barca atracas.
Los lazos de mi cabello
son enredos de sueños
que nunca se cumplieron,
pero brillan que brillan
cuando los despiertas
y tus besos los ascendieron.
Las manos que ya no reposan
en la cintura de mi entendimiento
tiran que tiran
los miedos y reflejos.
Duela lo que duela,
siempre te pienso
siempre te sueño.
Hay amores que matan,
otros que no mueren,
pero mientras
vivan.
Porque amores que aman,
siempre quieren.
Piel transparente,
pensamientos oscuros,
gata de lengua ardiente
que sube por los tejados.
Arde que arde
mi boca solitaria,
duele que duele
mi corazón apagado.
Prende que prende
la llama precaria
de mi alma inconsciente,
que sueña que sueña
que un día no se vende
a llantos y ganas desesperadas.
Mi cama huele a jazmines
de patios y dentelladas,
las sábanas son de oro
siempre que tu barca atracas.
Los lazos de mi cabello
son enredos de sueños
que nunca se cumplieron,
pero brillan que brillan
cuando los despiertas
y tus besos los ascendieron.
Las manos que ya no reposan
en la cintura de mi entendimiento
tiran que tiran
los miedos y reflejos.
Duela lo que duela,
siempre te pienso
siempre te sueño.
Hay amores que matan,
otros que no mueren,
pero mientras
vivan.
Porque amores que aman,
siempre quieren.
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