martes, 30 de junio de 2020




Eres cine,
eres cultura,
cada una de las letras que vives,
se convierten en influencia pura.

Será el aroma que desprendes
o mi miedo a las grandes alturas.

No tenemos guión
y sin embargo,
en sueños
te sé de memoria.

Has ido creando
imágenes
en el margen
de la película.
Has ido dibujando
en mi mente
miniaturas
que mi mente ondula.

Con mi mirada te sigo,
en cada plano,
en cada gesto
y con mi objetivo
constantemente grabando.

No se ha bajado el telón,
y ya estoy cerrando yo
las salas de mi imaginación.
No vaya a ser que
salgas a bailar
y acabes flotando.

No quiero que
me atravieses
ni destrones mi razón,
no quiero seguir baldosas amarillas
si descubro que Oz
no eres tú.

Prefiero esperarte
en Giancaldo,
tirada en la calle
y que cuando abras tu ventana
los platos vuelen
por encima de mi cabeza.

Prefiero cualquier escena contigo,
a vacaciones en Roma sin tí.

No sé qué película eres
pero quiero aprenderme
de memoria
los diálogos
que te di.


lunes, 15 de junio de 2020

Jaya.

Hace más tiempo del que se pueda creer,
en tierras más lejanas que el ayer,
se escribía leyendas arcanas
de una bruja y su maldición.

Todo comenzó con un semidiós,
Kinari, quién dominó
todas las orillas del mar,
sus peces y sabor marinado,
de los lagos,
dónde elegantes elefantes
descansaban su llanto.

Por encima de los montes
cabalgaban los espíritus errantes,
Preta,
los llamaron,
con sus sárdulas
bravas como las tormentas.

Se oían sus voces entre las nubes,
mientras el cielo se abría en colores
cómo un pavo real.

Era naranja el día
que Kinari fue secuestrado por Ravana.
Las charcas y los ríos
se destiñeron de su azul,
miles de animales murieron
desde su tierra hasta Estambul.

Sagara
aliada con Kalinda
viajó por encima del Sol,
para encontrar al semidiós.
Enterrado en miles de flechas,
yacía muerto sobre el suelo.
Su piel celeste
se transformó como el mar,
en un apagado gris.

La bruja Sagara,
dueña de sus poderes,
escuchó desde las nubes:
"Haz lo que debieres".
Así pues,
transformó un beso en mariposa.
que viajó por el aire
hasta posarse
en sus labios inertes.

Kinari despertó
y de un brinco su espada empuñó.
Juntos,
bruja y semidiós
lucharon contra Ravana
hasta que su cabeza por el suelo rodó.

La maldición se rompió
y como viejas leyendas
un beso le salvó.
Fue la bruja, no el dios,
la que el mundo salvó.
Pero el amor brotó
como la primavera con hileras
de plantas y color.

El semidiós agradecido,
la vida eterna le ofreció,
"No le entiendes"
la bruja le dijo,
"No quiero más tiempo,
si no es contigo.
Mi magia, siempre fuiste tú".