miércoles, 27 de junio de 2018

Día 232.

Divagaciones nocturnas sobre una persona que no existe; sentimientos momentáneos de una loca y descripciones no-exactas de momentos inexactos.

Si pudiera,
colgaría en mis paredes todas las mariposas que viven en mí,
estoy segura que las disfrutaría mucho más así.
Pero no.

Entraste por la puerta grande,
provocando que el corazón se me cayera a tus pies,
sonando la música de ese gramófono que está en la esquina de la habitación,
y bailaste sobre mis ventrículos cuando me abrí el pecho para tí.
Pero tú comenzaste con tu vals de doble paso,
saltandote todas las indicaciones.

Tararea la que proclamaré nuestra canción,
aún sabiendo que nada más vaya a pasar.

Pero puedes intentar besar mis ganas,
puedes intentar buscar mis cosquillas,
lo mismo encuentras mis ganas de querer.


Día 231.
Remake de la primera entrada de mi blog. 

¿Quién soy?
Pues soy esa chica del fondo de la barra, sí esa, la que está cantando con una cerveza en la mano, lo justo para que se la  vea bien, la que tiene una sonrisa de oreja a oreja.
Exacto, la chica de la barra que está apoyada suspirando, esperando a que las ilusiones que crea se vuelvan realidad, esa que no sostiene ya entre sus manos su chaqueta porque ya no tiene miedo, miedo a no encajar, a no ser lo que los demás esperan. Soy esa chica que al sonreir, no tapa su sonrisa porque no le da pánico que descubran la verdad, que su sonrisa está vacía, carece de verdad y sentido. Porque está orgullosa de su sonrisa y de ella.

Sí, esa chica de la que te has reido por como camina, porque su nariz es demasiado exagerada, y a la que ahora le importa poco.

Esa que a veces confunde el "sonreir" con "bostezar".
Soy ese gesto inesperado del que nadie se percata porque tan solo es un espectáculo para los soñadores.

Soy esas últimas notas de una voz rasgada que luchan por afinar.
¿Te has fijado alguna vez en como te miro?

Sí a tí, te hablo a tí, seguro que te miro con timidez, casi con miedo. Si me haces sonreir, negaré con la cabeza para no hacerlo, esconderé cualquier prueba que me delate.
Eso no ha cambiado, pero si tienes suerte, tal vez te devuelva la sonrisa.

Soy ese gato abandonado que te persigue por las noches de soledad, buscando esa caricia que me haga ronronear.
¿Tanto te cuesta verlo?

Soy imperfección, rareza.

Ese chupito a medio acabar. Esos labios que han sido besados y que palpitan por un sentimiento por descubrir, sonriendo.

Un cuerpo inexplorado, cerrado por derribo.
Soy el "sí, está bien" a una cerveza más.

Soy la que cuenta los segundos que sonríes para ver si lo haces de verdad.