Cuentan las estrellas que bajó la luna a susurrarle a una niña lo que soñaba. La niña intrigada fue escribiendo su historia, haciendo malabares con sus sentimientos y descubriendo que no todos los caminos llevan a Roma.
jueves, 27 de abril de 2017
Libros de ensueño.
Al salir de la biblioteca aquella tarde, con sus apuntes en mano, una ráfaga de aire, frío y cortante, azotó su rostro provocando que sus labios se curvaran hacia arriba en una sonrisa.
Atrevida, como pocas veces lo era, caminó hacia las escaleras; apoyó su diestra en la barandilla, recogiendo con esta, a su paso, el agua que retenía, a la par que permitía que las gotas de lluvia cayeran sobre sí.
Su cabello oscuro comenzó a recogerse y humedecerse.
Su piel brillaba por las gotas de agua que la perlaban poco a poco, pequeñas pecas saladas que se escurrían como lágrimas.
Por esos pequeños instantes que ofrece la vida, la chica sonrió, y voló..
Y sentir que sus sandalias se empapaban y que su cuerpo entero se calaba por la lluvia y el frío de aquella tarde de abril, le hizo cosquillas.
Aquel día no estaba apenas nublado, pues aún se distinguía un poco de azulado en el cielo.
El brillo de un Sol tímido que se escondía tras una nube, provocó un sin fin de colores en lo infinito, y esos ojos marrones, pudieron observar uno de los efectos más fascinantes del mundo.
Estática en el penúltimo escalón, observó el cielo, dejando que la lluvia siguiera cayendo, la escena se había detenido para ella mientras que los paisanos, corrían bajo sus paraguas pegados a las pantallas que sus manos portaban.
Y ella.. Ella solo disfrutaba de la lluvia como si nunca hubiera llovido en su historia.
Cada vez llovía con mayor intensidad, con más genio y coraje.
Casi parecía una batalla entre la fuerza de la tormenta y la valentía de la joven.
Con descaro, la castaña bajó el último escalón de un salto, removiendo sus sandalias empapadas en un charco.
Y cuando el Sol comenzó a caer y se perdió en el horizonte, con ternura, pronunció su nombre.
Alzó la vista unos segundos más y cerrando sus ojos, saciando sus antojos, comenzó a caminar.
A pesar de que no había sido un buen día, aquella noche soñaría con besos inexpertos en bocas vacías, con abrazos eternos e ilusiones perdidas en el recuerdo.
Aquel día, no fue uno más, uno de muchos, aquel día fue el comienzo de un capítulo aún más especial, el de su obra sin terminar.
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