Metáforas.
De primeras, pedir perdón.
Soy una chica de metáforas y dudo que me explique de otra forma.
No soy de tener los pies en la tierra tampoco.
Sueño tanto que llego a pensar que no tengo presente, que solo vivo de ilusión en ilusión.
Soy reina de las curvas, para nada perfectas pero mías. Reales.
Cuando sonrío me convierto en niña de nuevo, me imagino de nuevo en ese patio de mi infancia, cogiendo los limones que por la escalera caían.
Y eso que me cuesta porque últimamente mi boca parecía un engranaje oxidado.
Me sonrojo por nada; lloro por todo.
Yo, que soy la chica de la barra, esa con la mirada perdida en su sidra de fresa.
Me ha costado, pero lo he conseguido.
Caída tras caída... Al fin estoy en mi camino.
Porque nadie dijo que sería fácil.
Porque, para tocar el cielo con mis dedos, antes cogí impulso del infierno.
Tan elegante como un gato con guantes.
Llevo toda una vida regalando Primaveras, porque lo que quiero es un profundo Otoño.
Ven, y róbame el mes de Abril como a Sabina.
Soy como el mar de Sanlúcar, sí, pero no.
Soy amplia, pero no tan fuerte como para formar olas con mi corriente.
Tengo estrellas en las pupilas, cada vez que me cantan por Sabina.
Tengo serpientes en las caderas cuando me pongo a bailar en mitad de la carretera.
Soy poetisa inexperta de musas muertas.
Mariposa que le cuesta resurgir.
Sentimientos vírgenes que descubrir.
Bajo mi ropa tengo algo más, ven que no me gusta mi carmín.
Llámame mentirosa, ilusa, por creer por un instante que el amor es posible; que puedes tocar el cielo con tus manos.
Puede que tú y yo, seamos musas y versos en mis sueños.
Porque te quiero soñar en prosa, quiero escribir tus sonrisas, comerte a versos.
Yo ya estaba perdida antes de conocerte.
Debería salir de mi escondite y salir a encontrarte, porque te busco desde hace mucho.
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