jueves, 18 de mayo de 2017


A tí. Que no sabes de mariposas.


La verdad es que pocas veces he creído en la magia,
en realidad miento,
siempre fui muy bruja,
pero, ¿y lo bonito que es pensar que existe?

Porque todavía existimos locas que cantamos debajo de la lluvia canciones románticas
y sigue viviendo ese sentimiento que todos queremos saber describir en algún momento.

Confirmé que la magia existía cuando le conocí,
y supe que yo quería ser su verso,
su poema y métrica,
o su musa y prosa, yo qué sé.
Pero quería formar parte de ese arte que tiene de hacerme volar cada vez que besa a las palabras y las convierte en un mundo inolvidable al cual escapar si la realidad me parece insostenible.

Que eso de describir versos sobre él es lo más bonito que puede haber conseguido una impostora como yo que juega a ser poeta cuando habla de sus labios.
Pero es que qué labios,
qué paraíso es ese para quien busca inspiración en invierno.

Y esa sonrisa interminable se dibuja en au rostro...
Es tan estremecedora.
Cada vez que sonríe unas chispas en mi interior arden,
las mariposas no revolotean en mí, no, me van comiendo poco a poco.
Quieren huir.
Para luego soltar una carcajada
que rompe el silencio y deja sin respiración al mismísimo oxígeno.
Y la aventura más inolvidable será siempre escalar su cuerpo para conquistar sus pestañas,
mirarle a los ojos,
ese ventanal que refleja el mundo que tiene por mirada,
y decirle con un breve pestañeo que si Bécquer, Lorca o Neruda lo hubiesen conocido,
descubrirían lo pequeña que se queda la poesía
para ese marrón de ojos.
Porque él no sigue mandamientos,
pero sería un auténtico pecado no intentar estar entre sus brazos.
Pero prometo no enamorarme,
ni quererle lo más mínimo
y mucho menos convertirme en una más de cientos
que se saben de memoria cuántas arrugas se le forman alrededor de los ojos cuando sonríe.
Ellas no saben que por su culpa
me he convertido en una niñata muy presumida,
y es por ello por lo que ahora uso un número directamente proporcional de veces el bolígrafo con el que le escribo esto y la barra de pintalabios.

He aprendido a susurrar,
por si se da la ocasión algún día de asaltar su oído
y puedo regalarle besos
en forma de versos.

¿Amor?

No sé, pero que bonito es cuando él sonríe.

A tí. Que nunca sabrás que estas líneas van para tí, que no tienes idea de las mariposas..
De las miradas felinas..

A tí, por despertar en mí sentimientos desconocidos, por hacerme, sin quererlo, tan feliz.

Ojalá lo supieras.

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