Cuentan las estrellas que bajó la luna a susurrarle a una niña lo que soñaba. La niña intrigada fue escribiendo su historia, haciendo malabares con sus sentimientos y descubriendo que no todos los caminos llevan a Roma.
miércoles, 21 de junio de 2017
Y mis musas me robaron las mariposas.
Mis mariposas se removían en el alma inquietas,
subí las escaleras mientras temblaban mis piernas.
Espasmos,
como si aquello fuera un sueño del que despertar,
como una primera vez,
y yo sin saber,
y aunque la espera se hiciera eterna,
en la pantalla apreció su nombre,
"Sabina".
Avisando con un "rompan filas, y siéntense en sus sillas",
que el viaje iba a comenzar.
Con letras rojas, finas..
Me dejé caer en mi asiento,
dibujando sobre mi pantalón las letras de su canción.
Comenzaron los gritos,
comenzaron a volar las emociones por encima de mi cabeza.
Las luces se apagaron,
oscuridad total.
Y de repente,
con Y nos dieron las diez,
justo cuando empezaban a dar esa hora en realidad,
un bombín asomó la cabeza detrás de las sombras.
Con ese foco que solo le apuntaba a él, le siguieron el resto de musas.
Se quitó el bombín con lentitud y lo llevó a su pecho,
se presentó y guiñó un ojo.
Yo, que soy de emocionarme con facilidad, no salía de mi asombro.
Excusó el tener que sentarse por la edad,
y en verdad,
parecía más un número cómico que una disculpa.
Sus manos acariciaron las cuerdas de su preciada guitarra,
y antes de cantar,
dio gracias a Sevilla,
pero no al clima.
La música comenzó a resonar,
lo negaría todo, así estaba, yo lo negaba una y otra vez.
Casi podía sentir sus acordes tocarme el alma.
Me abrazaba del mismo modo que esa ola de calor que se apoderó de mí.
Las luces variaban con cada canción,
tonos rojos intensos, verdes esperanza,
bailaban al mismo ritmo que mis pies,
que el resto del público.
Me sentía libre..
Alcé las manos al cielo, queriendo tocarlo,
soñaba despierta con volar con aquellas notas del aire.
Mi cuerpo se balanceaba sin miedo de lado a lado,
saltaba, gritaba, hasta que mi voz se quebraba.
Con cada canción, nuevas palabras,
nuevas lágrimas de felicidad,
miradas, sonrisas..
Y en lo más alto, en el clímax,
todo pareció detenerse,
para mí, el resto del mundo no existía, nadie,
no había gritos, ni gente cantando.
Ni cientos volando.
Estábamos mis musas y yo,
creando una nueva canción,
una sintonía particular, única y especial.
Yo.. Solo podía regalarles mis lágrimas y sonrisas,
no era nada comparado con el tesoro que poseían esos piratas,
ladrones de sentimientos y creadores de poemas.
Y aunque el resto de gente sintiera lo mismo que yo,
o incluso más,
como dicen sus letras,
él sabe que de sobra es el primero,
que no miento si juro que daría por él todos mis versos..
Y cuando terminó,
solo me quedó suspirar,
tomar mi alma recompuesta a base de acordes, notas y letras,
comenzar a caminar sabiendo que no había sido un sueño,
Sabina, me había abrazado con palabras y con sentimientos renovados.
Gracias, aunque no lo sepas,
eres mi inspiración.
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