domingo, 12 de agosto de 2018

Capitulo cinco.

Y las razones por las que me encantaba sentirme Cupido era porque solía acertar en todo. Y así lo confirmé cuando quedé con Sara, porque quería hablar conmigo.

Me senté en la silla, tomando mi cola cao entre las manos, porque al contrario que Sara, yo no podía tomarme un café, odiaba el olor y el sabor.
Ella estaba nerviosa, casi le temblaban las manos, pero mantenía una sonrisa de oreja a oreja.

Al parecer Sara y Javi quedaron como solían hacer con anterioridad, quedaron a las nueve para cenar algo en un pequeño puesto de perritos calientes, la verdad, lo más barato que te podías echar en cara y lo más práctico.
Charlaron, muchísimo, tal vez demasiado, porque se dijeron demasiadas verdades que callaban, por eso el paseo se hizo demasiado pesado, e incluso volvieron a discutir.

Javi no entendía por qué le gustaba, e incluso le molestaba el hecho de que le hubiera ocultado aquello durante tanto tiempo.
Sara solo suspiraba, intentando aguantar las lágrimas. Porque era demasiado emocional. —Yo.. Solo quería seguir teniéndote en mi vida, porque sabía que si algo salía mal, te perdería.

—Respondió la chica, temblorosa, dirigiendo su mirada al chico, que la tomó de las manos para depositar un apretón en esta. —Jamás podrías perderme.. Te quiero demasiado para ello. —Él le respondió con sinceridad, pero no era la respuesta que esperaba Sara.

Una vez más, suspiró, y ambos caminaron de vuelta a casa. A Javi no le costaba nada acompañar a la chica porque vivían demasiado cerca, y una vez que estaban casi al lado de la puerta Javi comenzó a toser y Sara giró su rostro y ladeó este esperando una explicación a esa reacción tan extraña. —¿Estás bien?
—Preguntó. —Podría estar mejor..

—El chico fue acercándose poco a poco a la chica, sin que esta lo notara demasiado. —¿Quieres agua? Puedo entrar y traer..

—Javi negó con la cabeza y acabó por renaudar el paso hacia la puerta de la chica, no sabía cómo actuar, no sabía qué hacer.
Tras ver cómo la chica sacaba las llaves para abrir la puerta, fue entonces cuando tuvo la maravillosa idea de tomar de los hombros a la chica y abrazarla. —Que no se te olvide que te quiero, eres increíble.. —Dijo Javi, sosteniendo a Sara entre sus brazos, y ambos fueron separándose poco a poco hasta que sus rostros comenzaron a encontrarse.
Y sus labios se acabaron uniendo, con las mismas ganas con las que antes hablaron de sus sentimientos, pero sin miedos, sin prejuicios, solo dos personas que se querían, que se arriesgaban a perderlo o a ganarlo todo.

Sara salió de sus ensoñaciones, me miró y se encogió de hombros. Yo me limité a sonreír tras la taza. —¿Crees que saldrá bien?

—Me preguntó. —Creo que irá tan bien como os lo propongáis.. Pero sí, si os queréis tanto como siempre, estoy segurísima.

viernes, 10 de agosto de 2018

Capítulo cuatro.

Yo estaba esperando en la puerta, distraída mirando la pantalla en negro del móvil, cuando Samuel pitó y yo me subí al asiento del copiloto.

Samuel se inclinó sobre el asiento para depositar dos besos en mis mejillas, y yo se los devolví sonoramente, y antes de emprender nuestro pequeño viaje, yo le di voz a la música que sonaba un "Ride" que era el perfecto acompañante para un viaje.

Samuel me miraba de vez en cuando en el viaje y yo solo podía hacer la que estaba dando un concierto y dejarme llevar por completo con la música en el instante en que comenzaba el estribillo, paseando mis dedos al ritmo de la canción por si no se había percatado que adoraba esa canción.

El viaje fue largo, una hora al menos estuvimos en el coche, y llegamos a las once de la mañana, y el olor del mar ya se sentía incluso con la ventanilla subida. Bajé del coche y lo primero que hice fue depositar un beso en la mejilla de Samuel, sonriendo ampliamente.
Samuel sacó la sombrilla del maletero, y yo cogí las bolsas.

Ambos nos dejamos caer en la arena, suspirando. —¿Por qué lo de Sara y Javi va a salir bien y lo nuestro no?

—Mi cuerpo pareció temblar de miedo ante aquella pregunta, y yo solo supe negar con la cabeza y esperar a que una respuesta inmediata vieniera a mí del mismo modo en el que las ideas solían venirme cuando me tocaba mentir. Pero a él no podía mentirle.. —Porque lo de Javi y Sara se veía. Lo nuestro no lo vimos ni nosotros..
¿Y por qué no iba a salir bien?

—Samuel suspiró. —Porque aún sigues siendo Marcos..  Porque no te lo quitas de la cabeza, porque cuando me besas o me abrazas, sigues pensando en él.
—Ya molesta con que tuviera esa idea, me acerqué hasta ponerme frente a él aunque a mi espalda le diera el sol de lleno. —Mira, Marcos se fue, y no va a volver a mi vida por muchísimo que lo desee, pero tú, tú estás aquí, conmigo, y eres lo mejor que tengo.
Mi compañero de canciones, de viajes, de borracheras.. Has conseguido entrar en esta discoteca por la entrada VIP.
—Bromeé, riendo con la intención de buscar su risa también. Y ahí estaba, una sonrisita orgullosa que asomaba por sus labios.

Samuel acabó lanzándose sobre mí, cayendo en la arena los dos, riendo. Sí, aquello no iba a salir bien, éramos mejores amigos más que novios.
Era divertido estar con él, besarme con él, sentirle.. Porque con Samuel a diferencia de cualquier persona no me ataba, no me quería presa. Me quería libre, volando por encima de cualquier miedo o inseguridad.
Dejándome llevar por el momento, por las ganas, retuve el rostro de Samuel entre mis manos, depositando un beso en sus labios. —Porque cien metros no son nada.. —Samuel empezó a reír a carcajadas, y yo con él. Sólo nos entendíamos nosotros.

—Cien metros no son nada y menos si no estás tú. —No era un gran hablador, y menos halagador, pero cuando abría la boca.. Era solo para decir cosas buenas de los dos.

Yo le abracé buscando todas mis ganas y fuerzas para confirmarle que duraría, que aquello tal vez no sería para siempre, pero seguro que sería por mucho tiempo. Fuera como fuera, Samuel y yo seriamos algo, con todo o nada, seriamos.

jueves, 9 de agosto de 2018

Capitulo tres. [Flasback.]

Éramos diferentes, muy diferentes.
Pero despertarme todos los días a su lado, era lo mejor de los fines de semana. No me gustaba mentirle a mi madre diciéndome que me quedaba a dormir en casa de Laura, yo creo que sabía de sobra que estaba con Marcos. Pero joder..

Merecía tanto la pena mentir por aquello. Literalmente nos quedábamos hasta las cuatro de la mañana cantando canciones viejas, Melendi, Fito, Jarabe de palo.. Él con su guitarra y su voz rota, yo solo me limitaba a hacerles los coros.
Y cuando de repente se hacía el silencio, viajaba arrastrándose entre las sábanas hasta a mí, posando su cabeza en mi hombro.

¿Recordáis aquel diálogo de Pulp fiction? Ese que comienza Mía a decir que en el silencio es cuando sabes que has encontrado a alguien especial, cuando puedes estar un puñetero minuto en silencio con él y no importa, no incomoda, ni si quiera había tensión.
Yo me limitaba a observarle, del mismo modo en el que se admiran las obras de arte. Y entonces reíamos. Él acercaba sus labios a los míos, y del mismo modo en el que un superviviente del desierto buscaba el agua, yo buscaba sus labios.
Y empezaban las chispas a recorrer mi cuerpo cuando mis labios se fundían con los suyos.

Y el resto daba igual, de repente la música éramos nosotros, los acordes eran buscados por nuestros dedos bajo nuestras ropas.
Y por la mañana, despertaba con sus rizos entre mis dedos, con mi cara hundida en su pecho, y la mañana era menos amarga, la vida en sí era menos amarga.
De repente, todo sobraba, me sobraba ropa, me sobraban defectos, me sobraban palabras porque él era un poema completo que había que disfrutar con tacto, oído, gusto y olfato, porque era el mayor de los placeres que podía haber creado un dios y yo estaba entre sus brazos.

—Marcos.. ¿Esperabas esto? —Preguntaba cuando los miedos eran los que me abrazaban, y entonces Marcos se colocaba sobre mí y comenzaba con las cosquillas. Y yo reía y perdía el miedo a todo. —Me esperaba esto porque te esperaba a tí, todos los días, en la estación, en la cola del bar.. Te he esperado toda mi vida sabiendo que nos encontraríamos.

-Idiota.. —Le respondía yo, porque obviamente esa era una mera copia de las palabras de Rayuela. Pero adoraba sus referencias. —¿Entonces me llamas bruja?
—Bromeaba, deslizando una vez más mis manos entre sus rizos.
—Te podría llamar de mil formas diferentes, porque jamás encontraré el adjetivo que te merezca.

—Si aquello no era un sueño, yo ya debía tener los brazos muertos de tantos pellizcos. Marcos era a mí, lo que el arte a Frida. Mi vida. Y me asustaba demasiado y gustaba a partes iguales.
Capitulo tres.

Las dos semanas siguientes me pasé las no ves apoyadas en la pared de casa de Javi, sabía que él sacaba siempre al perro a aquella hora, y si tenía que pedirle perdón primero a alguien era a él.
Me quedé tres días en la puerta, en la que sabía que no salía para no tener que verme.

Pero al cuarto día, me arriesgué a llamar al timbre, teniendo la suerte de que fuera él el que abriese.
Tomando una gran bocanada de aire, me acerqué para advertirle. —Puedes dejar de hablarme hoy, mañana, pero tanto como tú y como yo nos debemos una explicación, y solo es para pedirte perdón, he jugado a ser Cupido y me lo he creído.
Déjame que te pida perdón y si de verdad no quieres volver a verme, me iré.
No eres la primera persona que pierdo, pero sí serías de las que más me dolería y no me imagino mi vida sin ti.

—El rostro de Javier se tornó serio y agachó su cabeza para llevarlo a sus zapatos. Yo me volví a acercar para golpear su hombro con mis nudillos. —A parte, ¿quién se va a reír si no de tus chistes malos? ¿Y quién va a ser mi mejor crítico?

—Y atisbó aquella sonrisa que provocó la mía. Extendí mis brazos esperando su abrazo, pero él, solo negó con la cabeza, tenía que entenderle, fui cruel, injusta..
Pero Javi no era como mi subconsciente, y a los instantes, cuando me di la vuelta para despedirme, me vi recogida entre sus brazos en el más tierno abrazo posible.

Yo, que pocas veces había experimentado la amistad, sabía que era el estado más puro de ello. Javi, esa persona que sabía todos y cada uno de los problemas que tenía, me respetaba, me quería e incluso admiraba. Por eso me fui difícil retener las lágrimas. Lágrimas que poco a poco cayeron por mis mejillas. —Al final vas a conseguir que siempre te perdone.. —Murmuró, depositando un leve cabezazo contra mi hombro.

Aliviada, así volví a mi casa.
Pero aún me quedaba Sara. Y aquello era imposible, Sara se había refugiado tanto en su mundo.. ¿Y como volvería a unir a Sara y Javi? Ellos también tenían que hablar las cosas.
Podría haber recurrido a lo típico, juntarlos en un lugar sin que el otro supiera que estaba el contrario y así. Pero no era sincero ese gesto.

Así que les envié un mensaje. Quería que quedáramos a dar una vuelta, en la entrada de un pequeño parque al que no solía ir mucha gente, a no ser que fuera a sacar al perro.


En el momento en el que Sara y Javi se vieron, la escena se volvió hielo y yo era el Titanic a punto de estrellarme contra ellos.
Suspiré. Y entonces Javi volvió a ser él. —Ana, ¿no crees que Sara con trenzas es demasiado infantil?
—Bromeó sacando la lengua. Yo reí, reí a carcajadas y sin esperarlo, Sara explotó en risas también.
Y allí estábamos, tres seres que la habían cagado emocionalmente, que se acababan de reconciliar con sus errores y sus miedos.
Y volví a sentir aquella conexión. Volví a ver en los ojos de Javi la euforia de ver sonreír a Sara cómo quien admira la torre Eiffel la primera vez que está frente a ella. Sara era mucho más bajita incluso que yo, pero a ojos de Javi era enorme, una gigante y eso era capaz de transmitirlo con la mirada.
Sara por el contrario con sus mejillas torneadas de un rojo intenso cubierto por la oscuridad de la noche, miraba de reojo a Javi.

Esa noche no se besaron, pero sí se acompañaron a casa, y hablaron, rieron y se abrazaron de nuevo.
Esa noche, yo volví a dormir tranquila, había recuperado a dos partes de mi vida, y ellos se habían recuperado.
CapitCap dos.

Sara y yo habíamos quedado en la estación
antes que ninguno para poder hablar ambas, como siempre solíamos hacer. Nos íbamos a la playa con los chicos, solo a echar el día pero Sara estaba en su mundo, abstraída..

—¿Qué te ocurre? —Le pregunté a Sara, sosteniendo su mano diestra entre las mías, ladeando mi rostro con una sonrisa.
—No es nada.. Es que creí que podía superar lo de Javi saliendo con este chico, pero no dos semanas hemos durado.. —Resopló la chica, que solo supo dejar que sus ojos se encharcaran.
Inmediatamente la abracé. Cuántas veces me había pasado aquello mismo, querer buscar unos brazos en los que refugiarme para olvidar el rostro de Marcos, congelado frente a mí.

Maldito Marcos.. ¿Por qué estaba paseando de nuevo por mis pensamientos? ¡Estaba intentando ayudar a mi amiga!

Removiendol cabeza de lado a lado, volví a abrazar a Sara, tomando su rostro entre mis manos para besar sus mejillas. —Seguro que Javi está igual.. —Maldita fuera la hora en la que empecé a creerme Cupido y decidí hablar por ellos, intentando que algo surgiera, como una reacción química pero sin fuerza natural, solo la fuerza de mis ganas por ver a dos personas que quiero juntas.

—A ver, ¿qué quieres decir con eso? —Preguntó confusa Sara, buscando en mi la respuesta. —Bueno.. Es obvio, ¿no? Siempre habéis tenido química, os lleváis genial, quedáis hasta para comer a solas, te enseñó hasta a tocar la guitarra hace dos años. Por favor Sara, cualquiera que la vea creería que sois novios.

—Sara que era un millón de veces más realista que yo, me miró negando con la cabeza, no podía ser así y hasta yo lo sabía, al menos un rincón de mí tenía que ser realista sabiendo que no era certera esa información.

Y cuando la conversación iba a continuar Samuel venía gritando como siempre con Luis, ellos parecían gemelos, incluso por ese descarado parecido se ser ambos castaños y ojos claros. Si no conociera a sus madres, juraría que eran mellizos al menos.
Los saludé con apretado abrazo, tras un par de golpes en los hombros a modo cariñoso de recalcar ese comportamiento suyo. Sara se entretuvo hablando con ellos porque tenía esa conexión con todo el mundo. Siempre parecía conquistar a todo el mundo con su sonrisa y esas ganas de todo.

Al rato Javi apareció y corrió a mi lado para incluso levantarme del suelo en el abrazo, yo reí de forma exagerada y besé sus mejillas de forma sonora. —¡Al fin! ¡Vamos que perdemos el tren!

—Tras saludar a todo el mundo, Javi se acercó a Sara, y esta con una sonrisa ilusa, besó sus mejillas de tal forma, que pude ver el sonrojo de Javi desde la taquilla en la que compraba el billete.
Sonreí. Me creía Cupido y me gustaba. Pero no sabía que no era bueno. No era lo correcto.

En el tren Javi sacó su guitarra, y suerte a que apenas había gente, me gustaba bastante aquello, Javi tocando la guitarra debía ser exactamente lo mismo que cuando Miguel Ángel esculpió al David. Era ver cómo nacía el arte. Me acomodé en el hombro de Sara, que admiraba con un brillo exagerado en sus ojos a Javi.

Al llegar a la playa, colocamos las sombrillas y nosotros nos colocamos debajo como niños pequeños que tienen miedo a que el sol les achicharre.

Todos hablando, una cerveza por aquí, la tortilla rodando de lado a lado, que si la botella de agua se abre y se queda pegada a la arena. Pero todo fueron risas hasta el momento en el que yo me fui al agua, con mi cuerpo exageradamente blanco por la protección.
Y entonces le vi, era Marcos, mis manos comenzaron a temblar. '¡Marcos!' intenté gritar, pero no pude, sentía como el aire se agolpaba en mi pecho y no me dejaba hacer nada.

Mi instinto fue buscar a Sara, la tomé de la mano y la arrastré al mar conmigo. —Sara por favor, mira, ¡Es Marcos! —Y aunque no quise exclamar por miedo a que él me descubriera, no pude evitarlo.
Sara buscó y buscó en el punto en el que yo señalaba. Pero a diferencia de mí no veía nada.

—No hay nadie.. No está Marcos, aquel es un señor calvo y el otro un crío de.. ¿Catorce que está fumando?

—Yo comencé a temblar, hacía muchísimo que no soñaba despierta con él.

Marcos.. estaba allí, ¿dónde se había metido?
Mis ojos continuaron toda la tarde buscándole con ansias y de nuevo, la ansiedad me invadía.

Javi, que me había calado, me abrazó, y soltó por mí todo lo que callaba. —Algún día os volvereis a ver y hablareis de lo que pasó, ¿de acuerdo?

—Yo asentí y me volví a sentar, creyéndome de nuevo Cupido al ver como Javo acarició la mejilla de Sara, y mi corazón suspiró de ternura al ver la escena.

Samuel y Luis comenzaron a imitar los sonidos que se producen cuando se vomita. Y de nuevo el sonrojo del chico y esta vez, de Sara también se hizo notorio.

El día acabó y Javi y Sara desaparecieron unos minutos, yo comencé a apostar con Luis y Samuel que podría estar pasando. Pero ninguno acertamos cuando Javi parecía mosqueado conmigo, en todo el viaje de vuelta no me dirigió la palabra.
Y Sara, simplemente se abrazó a Luis, sin mirarme.
Fue la vuelta a casa más tensa del mundo. Todos parecían odiarme.

Y tras llegar al pueblo, Luis y yo nos quedamos a solas contándome todo lo que pasó, Sara se atrevió a decirle todo lo que yo le dije a ella, Javi se mosqueó por dar por hecho todo aquello, y ahora no nos hablaba ni a Sara, ni a mí.

Luis me abrazó y me aseguró que todo iría bien. Pero sabía que el paso de los días sería lo mejor.

La aparición de Marcos fue como un aviso, solo cuando Marcos aparecía frente a mis ojos, algo comenzaba a cobrar realidad. Si Marcos de verdad hubiera estado allí, hubiera conseguido hacer que Sara y Javi se besaran. O le besaran a él.

Un día más en el que yo conseguía estropearlo todo, y me acostaba rezando porque todo fuera a mejor.
Capítulo uno.

Sujeto la cerveza con ambas manos, porque está tan fría que no sé elegir cuál de mis dedos debería congelarse antes. Miro hacia la izquierda, luego a la derecha; siempre lo hago. Mi inseguridad salpica a todos lados cuando me rodea tanta gente. Y mira que no lo parece, y mira que no me callo, y mira que soy abierta. Pero bueno, todos tenemos nuestras taras. Y yo la mía la cubro con espontaneidad,  indiferencia y risas. Son mi escudo.
Bebo. Primero es un sorbito; a la segunda es un sorbo y a la tercera un trago.
Y yo, que con quince años detestaba el alcohol, ahora bebo cervezas como si fuesen zumos. Qué irónica la vida. Cómo crecemos y nos acostumbramos a los sabores y las experiencias fuertes. El café, el sexo, el alcohol. Qué mayores nos hacemos sin darnos cuenta, qué diferentes nos volvemos sin percibirlo.
Me distraigo unos minutos mientras el resto habla. Siempre me pasa, siempre viajo hacia mi mundo, como si tuviese una máquina de escribir en la cabeza y empezara a teclear en medio de la nada, de una conversación, de una clase, de un programa de televisión. Me aíslo sin pretenderlo durante minutos. A eso le llamo yo tener imaginación.
Sara me devuelve al mundo real con un chasquido de dedos, y me mira como diciendo: hoy ya es la segunda vez que te pasa. Yo me río y ella estalla a carcajadas. Supongo que el hecho de que me haya puesto colorada tiene algo que ver. Frunce el ceño unos segundos y levanta la cerveza. Quiere brindar. Ahora todos la miran y yo sonrío. Levantamos las cervezas y brindamos: - ¡Por nosotros! - Samuel, como siempre, es muy original-. Por todas esas horas de curro, por los trabajos, los agobios, las notas...¡Porque nos lo merecemos, joder! - ¡Sí!- proclama Sara-. Joder, ¡ya era hora! - Por nosotros- Javi no grita tanto como los demás-. Que vamos a ir al paro directamente. -¡No digas eso!- exclamo-. ¡Aún hay esperanza!
Todos ríen al unísono, mientras brindamos, y yo los miro como el que mira un cometa que pasa cada cincuenta años. Sé que va a ser la última vez que nos reunamos todos así y eso me encoge el corazón.
Sara y Javi se miran intensamente de vez en cuando, ellos aún no saben que se gustan, al menos que se lo hayan dicho, pero yo lo sé desde que se conocieron. Se han sentado lo suficientemente separados como para que no se les note, pero las bromas de él, la risa de ella y las miradas cómplices indican que en realidad, querían estar mucho más cerca. Yo les miro pensando en que ojalá este verano tengan tiempo para verse y los días y los planes los unan mucho más. Ambos lo merecen. Y necesitan valor para asumirlo.

Laura se muestra distante, sé que está enfadada con Jorge porque no ha querido venir y ha preferido irse a jugar con los amigos. Él se supone que la quiere de verdad, y por eso intenta no ofenderla nunca, pero ella se siente aprisionada,  cohibida. Laura necesitaría alas, poder volar, poder huir de vez en cuando. Y sus inseguridades acaban matándola siempre.

Y sé que pensaréis que vaya líos, que qué observadora, y que si me creo muy listilla por adivinar todo eso sobre mis amigos. Pues no, probablemente no sepa ni la mitad de cosas que se esconden en esas miradas, pero sí que sé lo suficiente como para juzgar qué sienten todas y cada una de esas cabecitas cuando nos sentamos a charlar sobre la vida, sobre el camino, sobre todo y sobre nada. Han sido demasiadas horas juntos.

¿Y qué hay de mí? ¿Yo me he fijado en alguien? ¿Yo solo sujeto una cerveza fría?

Yo soy un caso muy distinto. Nunca me he enamorado de nadie del grupo, y no me malinterpretéis, no es que me crea superior, es que jamás conocí a nadie que pudiera igualar a Marcos. Lo de quién es Marcos lo dejaré para otro día, pues es una historia demasiado larga. Pero...no sé si conocéis la sensación de dar con alguien que es exactamente a vosotros y sentir que hay algo muy fuerte que os une. Y es algo que va más allá de los intereses. No sé, a todos nos gustan las películas, la música, la comida, los videojuegos, los libros....Pero hay algo más. Algo que no se sujeta con palabras, acciones, ni tan siquiera miradas. Algo que va más allá de todo, que es inexplicable. Cuando conoces a alguien con el que te cuesta hasta discutir, cuando ves a alguien honesto, humilde y sensato, cuando de repente encuentras que una persona que es cien por cien diferente consigue hacerte encajar todas las piezas, cuando eso ocurre....entonces no hay vuelta atrás. Y ya pueden entrar en tu vida todas las personas que quieras, que algo así no se borra. Y supongo que eso es en lo que pienso cuando me aíslo, no en lo fría que está la cerveza, no en lo unidos y separados que estamos todos los que nos sentamos en las sillas de siempre, en el bar de siempre, no. Cuando me aíslo pienso en lo bien que se lo pasaría Marcos si los conociese. En lo que él se reiría, en cómo podría mirarle desde la otra punta de la mesa mientras hace bromas. En lo que me gustaría que contase esas anécdotas que a mí me hacen reír tanto. Pienso en que ojalá él también hubiese conocido toda esa parte feliz que me llevo de una etapa gigantesca e inolvidable. Pienso en que si Marcos hubiese estado en el grupo, me habría enamorado de él. Y sería yo esa tonta que miraría desde el otro lado de la mesa sin saber bien qué decir.

Todos hablan, pero yo ya no escucho. Laura vuelve a mirarme cómplice, yo levanto los hombros y ella ríe.

- ¿Salimos a fumar?- me pregunta. Yo asiento automáticamente. Ni siquiera fumo, pero me gusta hablar con ella.


Aquí, justo aquí,

el cometa:


Se cierra una etapa, se abren nuevas puertas.