Capitulo tres. [Flasback.]
Éramos diferentes, muy diferentes.
Pero despertarme todos los días a su lado, era lo mejor de los fines de semana. No me gustaba mentirle a mi madre diciéndome que me quedaba a dormir en casa de Laura, yo creo que sabía de sobra que estaba con Marcos. Pero joder..
Merecía tanto la pena mentir por aquello. Literalmente nos quedábamos hasta las cuatro de la mañana cantando canciones viejas, Melendi, Fito, Jarabe de palo.. Él con su guitarra y su voz rota, yo solo me limitaba a hacerles los coros.
Y cuando de repente se hacía el silencio, viajaba arrastrándose entre las sábanas hasta a mí, posando su cabeza en mi hombro.
¿Recordáis aquel diálogo de Pulp fiction? Ese que comienza Mía a decir que en el silencio es cuando sabes que has encontrado a alguien especial, cuando puedes estar un puñetero minuto en silencio con él y no importa, no incomoda, ni si quiera había tensión.
Yo me limitaba a observarle, del mismo modo en el que se admiran las obras de arte. Y entonces reíamos. Él acercaba sus labios a los míos, y del mismo modo en el que un superviviente del desierto buscaba el agua, yo buscaba sus labios.
Y empezaban las chispas a recorrer mi cuerpo cuando mis labios se fundían con los suyos.
Y el resto daba igual, de repente la música éramos nosotros, los acordes eran buscados por nuestros dedos bajo nuestras ropas.
Y por la mañana, despertaba con sus rizos entre mis dedos, con mi cara hundida en su pecho, y la mañana era menos amarga, la vida en sí era menos amarga.
De repente, todo sobraba, me sobraba ropa, me sobraban defectos, me sobraban palabras porque él era un poema completo que había que disfrutar con tacto, oído, gusto y olfato, porque era el mayor de los placeres que podía haber creado un dios y yo estaba entre sus brazos.
—Marcos.. ¿Esperabas esto? —Preguntaba cuando los miedos eran los que me abrazaban, y entonces Marcos se colocaba sobre mí y comenzaba con las cosquillas. Y yo reía y perdía el miedo a todo. —Me esperaba esto porque te esperaba a tí, todos los días, en la estación, en la cola del bar.. Te he esperado toda mi vida sabiendo que nos encontraríamos.
-Idiota.. —Le respondía yo, porque obviamente esa era una mera copia de las palabras de Rayuela. Pero adoraba sus referencias. —¿Entonces me llamas bruja?
—Bromeaba, deslizando una vez más mis manos entre sus rizos.
—Te podría llamar de mil formas diferentes, porque jamás encontraré el adjetivo que te merezca.
—Si aquello no era un sueño, yo ya debía tener los brazos muertos de tantos pellizcos. Marcos era a mí, lo que el arte a Frida. Mi vida. Y me asustaba demasiado y gustaba a partes iguales.
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