jueves, 9 de agosto de 2018

Capítulo uno.

Sujeto la cerveza con ambas manos, porque está tan fría que no sé elegir cuál de mis dedos debería congelarse antes. Miro hacia la izquierda, luego a la derecha; siempre lo hago. Mi inseguridad salpica a todos lados cuando me rodea tanta gente. Y mira que no lo parece, y mira que no me callo, y mira que soy abierta. Pero bueno, todos tenemos nuestras taras. Y yo la mía la cubro con espontaneidad,  indiferencia y risas. Son mi escudo.
Bebo. Primero es un sorbito; a la segunda es un sorbo y a la tercera un trago.
Y yo, que con quince años detestaba el alcohol, ahora bebo cervezas como si fuesen zumos. Qué irónica la vida. Cómo crecemos y nos acostumbramos a los sabores y las experiencias fuertes. El café, el sexo, el alcohol. Qué mayores nos hacemos sin darnos cuenta, qué diferentes nos volvemos sin percibirlo.
Me distraigo unos minutos mientras el resto habla. Siempre me pasa, siempre viajo hacia mi mundo, como si tuviese una máquina de escribir en la cabeza y empezara a teclear en medio de la nada, de una conversación, de una clase, de un programa de televisión. Me aíslo sin pretenderlo durante minutos. A eso le llamo yo tener imaginación.
Sara me devuelve al mundo real con un chasquido de dedos, y me mira como diciendo: hoy ya es la segunda vez que te pasa. Yo me río y ella estalla a carcajadas. Supongo que el hecho de que me haya puesto colorada tiene algo que ver. Frunce el ceño unos segundos y levanta la cerveza. Quiere brindar. Ahora todos la miran y yo sonrío. Levantamos las cervezas y brindamos: - ¡Por nosotros! - Samuel, como siempre, es muy original-. Por todas esas horas de curro, por los trabajos, los agobios, las notas...¡Porque nos lo merecemos, joder! - ¡Sí!- proclama Sara-. Joder, ¡ya era hora! - Por nosotros- Javi no grita tanto como los demás-. Que vamos a ir al paro directamente. -¡No digas eso!- exclamo-. ¡Aún hay esperanza!
Todos ríen al unísono, mientras brindamos, y yo los miro como el que mira un cometa que pasa cada cincuenta años. Sé que va a ser la última vez que nos reunamos todos así y eso me encoge el corazón.
Sara y Javi se miran intensamente de vez en cuando, ellos aún no saben que se gustan, al menos que se lo hayan dicho, pero yo lo sé desde que se conocieron. Se han sentado lo suficientemente separados como para que no se les note, pero las bromas de él, la risa de ella y las miradas cómplices indican que en realidad, querían estar mucho más cerca. Yo les miro pensando en que ojalá este verano tengan tiempo para verse y los días y los planes los unan mucho más. Ambos lo merecen. Y necesitan valor para asumirlo.

Laura se muestra distante, sé que está enfadada con Jorge porque no ha querido venir y ha preferido irse a jugar con los amigos. Él se supone que la quiere de verdad, y por eso intenta no ofenderla nunca, pero ella se siente aprisionada,  cohibida. Laura necesitaría alas, poder volar, poder huir de vez en cuando. Y sus inseguridades acaban matándola siempre.

Y sé que pensaréis que vaya líos, que qué observadora, y que si me creo muy listilla por adivinar todo eso sobre mis amigos. Pues no, probablemente no sepa ni la mitad de cosas que se esconden en esas miradas, pero sí que sé lo suficiente como para juzgar qué sienten todas y cada una de esas cabecitas cuando nos sentamos a charlar sobre la vida, sobre el camino, sobre todo y sobre nada. Han sido demasiadas horas juntos.

¿Y qué hay de mí? ¿Yo me he fijado en alguien? ¿Yo solo sujeto una cerveza fría?

Yo soy un caso muy distinto. Nunca me he enamorado de nadie del grupo, y no me malinterpretéis, no es que me crea superior, es que jamás conocí a nadie que pudiera igualar a Marcos. Lo de quién es Marcos lo dejaré para otro día, pues es una historia demasiado larga. Pero...no sé si conocéis la sensación de dar con alguien que es exactamente a vosotros y sentir que hay algo muy fuerte que os une. Y es algo que va más allá de los intereses. No sé, a todos nos gustan las películas, la música, la comida, los videojuegos, los libros....Pero hay algo más. Algo que no se sujeta con palabras, acciones, ni tan siquiera miradas. Algo que va más allá de todo, que es inexplicable. Cuando conoces a alguien con el que te cuesta hasta discutir, cuando ves a alguien honesto, humilde y sensato, cuando de repente encuentras que una persona que es cien por cien diferente consigue hacerte encajar todas las piezas, cuando eso ocurre....entonces no hay vuelta atrás. Y ya pueden entrar en tu vida todas las personas que quieras, que algo así no se borra. Y supongo que eso es en lo que pienso cuando me aíslo, no en lo fría que está la cerveza, no en lo unidos y separados que estamos todos los que nos sentamos en las sillas de siempre, en el bar de siempre, no. Cuando me aíslo pienso en lo bien que se lo pasaría Marcos si los conociese. En lo que él se reiría, en cómo podría mirarle desde la otra punta de la mesa mientras hace bromas. En lo que me gustaría que contase esas anécdotas que a mí me hacen reír tanto. Pienso en que ojalá él también hubiese conocido toda esa parte feliz que me llevo de una etapa gigantesca e inolvidable. Pienso en que si Marcos hubiese estado en el grupo, me habría enamorado de él. Y sería yo esa tonta que miraría desde el otro lado de la mesa sin saber bien qué decir.

Todos hablan, pero yo ya no escucho. Laura vuelve a mirarme cómplice, yo levanto los hombros y ella ríe.

- ¿Salimos a fumar?- me pregunta. Yo asiento automáticamente. Ni siquiera fumo, pero me gusta hablar con ella.


Aquí, justo aquí,

el cometa:


Se cierra una etapa, se abren nuevas puertas.

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