Capítulo cuatro.
Yo estaba esperando en la puerta, distraída mirando la pantalla en negro del móvil, cuando Samuel pitó y yo me subí al asiento del copiloto.
Samuel se inclinó sobre el asiento para depositar dos besos en mis mejillas, y yo se los devolví sonoramente, y antes de emprender nuestro pequeño viaje, yo le di voz a la música que sonaba un "Ride" que era el perfecto acompañante para un viaje.
Samuel me miraba de vez en cuando en el viaje y yo solo podía hacer la que estaba dando un concierto y dejarme llevar por completo con la música en el instante en que comenzaba el estribillo, paseando mis dedos al ritmo de la canción por si no se había percatado que adoraba esa canción.
El viaje fue largo, una hora al menos estuvimos en el coche, y llegamos a las once de la mañana, y el olor del mar ya se sentía incluso con la ventanilla subida. Bajé del coche y lo primero que hice fue depositar un beso en la mejilla de Samuel, sonriendo ampliamente.
Samuel sacó la sombrilla del maletero, y yo cogí las bolsas.
Ambos nos dejamos caer en la arena, suspirando. —¿Por qué lo de Sara y Javi va a salir bien y lo nuestro no?
—Mi cuerpo pareció temblar de miedo ante aquella pregunta, y yo solo supe negar con la cabeza y esperar a que una respuesta inmediata vieniera a mí del mismo modo en el que las ideas solían venirme cuando me tocaba mentir. Pero a él no podía mentirle.. —Porque lo de Javi y Sara se veía. Lo nuestro no lo vimos ni nosotros..
¿Y por qué no iba a salir bien?
—Samuel suspiró. —Porque aún sigues siendo Marcos.. Porque no te lo quitas de la cabeza, porque cuando me besas o me abrazas, sigues pensando en él.
—Ya molesta con que tuviera esa idea, me acerqué hasta ponerme frente a él aunque a mi espalda le diera el sol de lleno. —Mira, Marcos se fue, y no va a volver a mi vida por muchísimo que lo desee, pero tú, tú estás aquí, conmigo, y eres lo mejor que tengo.
Mi compañero de canciones, de viajes, de borracheras.. Has conseguido entrar en esta discoteca por la entrada VIP.
—Bromeé, riendo con la intención de buscar su risa también. Y ahí estaba, una sonrisita orgullosa que asomaba por sus labios.
Samuel acabó lanzándose sobre mí, cayendo en la arena los dos, riendo. Sí, aquello no iba a salir bien, éramos mejores amigos más que novios.
Era divertido estar con él, besarme con él, sentirle.. Porque con Samuel a diferencia de cualquier persona no me ataba, no me quería presa. Me quería libre, volando por encima de cualquier miedo o inseguridad.
Dejándome llevar por el momento, por las ganas, retuve el rostro de Samuel entre mis manos, depositando un beso en sus labios. —Porque cien metros no son nada.. —Samuel empezó a reír a carcajadas, y yo con él. Sólo nos entendíamos nosotros.
—Cien metros no son nada y menos si no estás tú. —No era un gran hablador, y menos halagador, pero cuando abría la boca.. Era solo para decir cosas buenas de los dos.
Yo le abracé buscando todas mis ganas y fuerzas para confirmarle que duraría, que aquello tal vez no sería para siempre, pero seguro que sería por mucho tiempo. Fuera como fuera, Samuel y yo seriamos algo, con todo o nada, seriamos.
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