Capitulo cinco.
Y las razones por las que me encantaba sentirme Cupido era porque solía acertar en todo. Y así lo confirmé cuando quedé con Sara, porque quería hablar conmigo.
Me senté en la silla, tomando mi cola cao entre las manos, porque al contrario que Sara, yo no podía tomarme un café, odiaba el olor y el sabor.
Ella estaba nerviosa, casi le temblaban las manos, pero mantenía una sonrisa de oreja a oreja.
Al parecer Sara y Javi quedaron como solían hacer con anterioridad, quedaron a las nueve para cenar algo en un pequeño puesto de perritos calientes, la verdad, lo más barato que te podías echar en cara y lo más práctico.
Charlaron, muchísimo, tal vez demasiado, porque se dijeron demasiadas verdades que callaban, por eso el paseo se hizo demasiado pesado, e incluso volvieron a discutir.
Javi no entendía por qué le gustaba, e incluso le molestaba el hecho de que le hubiera ocultado aquello durante tanto tiempo.
Sara solo suspiraba, intentando aguantar las lágrimas. Porque era demasiado emocional. —Yo.. Solo quería seguir teniéndote en mi vida, porque sabía que si algo salía mal, te perdería.
—Respondió la chica, temblorosa, dirigiendo su mirada al chico, que la tomó de las manos para depositar un apretón en esta. —Jamás podrías perderme.. Te quiero demasiado para ello. —Él le respondió con sinceridad, pero no era la respuesta que esperaba Sara.
Una vez más, suspiró, y ambos caminaron de vuelta a casa. A Javi no le costaba nada acompañar a la chica porque vivían demasiado cerca, y una vez que estaban casi al lado de la puerta Javi comenzó a toser y Sara giró su rostro y ladeó este esperando una explicación a esa reacción tan extraña. —¿Estás bien?
—Preguntó. —Podría estar mejor..
—El chico fue acercándose poco a poco a la chica, sin que esta lo notara demasiado. —¿Quieres agua? Puedo entrar y traer..
—Javi negó con la cabeza y acabó por renaudar el paso hacia la puerta de la chica, no sabía cómo actuar, no sabía qué hacer.
Tras ver cómo la chica sacaba las llaves para abrir la puerta, fue entonces cuando tuvo la maravillosa idea de tomar de los hombros a la chica y abrazarla. —Que no se te olvide que te quiero, eres increíble.. —Dijo Javi, sosteniendo a Sara entre sus brazos, y ambos fueron separándose poco a poco hasta que sus rostros comenzaron a encontrarse.
Y sus labios se acabaron uniendo, con las mismas ganas con las que antes hablaron de sus sentimientos, pero sin miedos, sin prejuicios, solo dos personas que se querían, que se arriesgaban a perderlo o a ganarlo todo.
Sara salió de sus ensoñaciones, me miró y se encogió de hombros. Yo me limité a sonreír tras la taza. —¿Crees que saldrá bien?
—Me preguntó. —Creo que irá tan bien como os lo propongáis.. Pero sí, si os queréis tanto como siempre, estoy segurísima.
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